La Virgen de El Panecillo, un mosaico de 7000 piezas

Quizás una de las vistas más espléndidas de Quito proviene desde la cima de El Panecillo. Si bien se perfilan los edificios del norte. O el extenso valle de Tumbaco, rodeado de montañas orientales, mirar el Centro Histórico –como una inmensa maqueta de tejados, cúpulas, casas blancas y plazas- es un desafío a la memoria.

Lo primero que se aprecia es el monumental templo de San Francisco y su plaza mítica; las cúpulas verdes de La Compañía, el Palacio de Carondelet y la bandera que flamea. La ciudad reverberando como una aparición fantástica al mediodía de sol inclemente.

La visión de la urbe se queda flotando en su cuadrícula de calles y escalinatas. El monumento de la Virgen de El Panecillo, de 30 metros de altura e inaugurado el 28 de marzo de 1975 en la cima del monte, se hizo con 7 000 piezas de una aleación de varios metales.

La Virgen, inspirada en la colonial de Legarda, se sitúa sobre un globo terráqueo, ladeada ligeramente a la izquierda, con la mano izquierda sostiene una cadena que amarra a una furiosa serpiente apocalíptica: el símbolo del demonio bajo sus pies.

La Virgen mira a Quito con sus ojos grises. Y Quito la observa a ella. Para llegar acá recorrió un largo y más que centenario camino, cuando en 1892, el erudito sacerdote oblato, Julio María Matovelle, entonces diputado, auspició un decreto legislativo por el cual el Ecuador se consagraba al corazón Inmaculado de María y debía construirse un monumento en uno de los sitios más altos de Quito. El mismo padre Matovelle sentó las bases de la Basílica del Voto Nacional en 1883.

Los turistas de Canadá, Francia, EE.UU., Chile y de otros países captan fotos desde las alturas. Eso hace John R. Butto, médico canadiense y presidente electo de Kiwanis, organización que ayuda a la educación de jóvenes en varios países. “Es una vista maravillosa, única”, dice Button, mientras dispara su cámara.

Otros se aprestan a ingresar al balcón de 11 de metros de alto (la base, por eso en total el monumento tiene 41 m). La guía manabita Negcy Solórzano se encarga de cobrar los USD 2 por visitante. En una vitrina se exhiben para la venta figuras de la Virgen de vidrio, postales y otros recuerdos. El músico otavaleño Luis Mendoza interpreta, cerca de la entrada, El pastor solitario con su flauta de bambú o quenacho.

Antes de que suban, Negcy recomienda que en el segundo piso habrá una sorpresa. Usando las de mármol, en urnas bien ordenadas, se observan al menos 15 nacimientos o temas relacionados con la Navidad de igual número de países: Brasil, Argentina, Ecuador, Chile, Costa Rica, Nicaragua… Son pequeños muñecos de tela que veneran al Niño Jesús.

Un piso más arriba a la Virgen se le ve tan cerca que produce vértigo su descomunal presencia grisácea por el tono de las piezas. Tras unos minutos, la gente se enamora más de Quito, ya cubierto por nubes.

En una placa de la base se lee: “El Ecuador a la Inmaculada Madre de Dios, Augusta Reina, Amabilísima Madre y Soberana protectora de esta República”.

Fuente: http://patrimonio.elcomercio.com/patrimonio-historico/el-panecillo/historia#.WwRPNm3lDBJ

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